viernes, 26 de noviembre de 2010

EL CRISTO DE MADERA

Caminábamos sobre las vías, observando las casas a nuestro alrededor con el sol resplandeciente y el aroma especifico de aquella comunidad, que era totalmente diferente, olía a pueblo a sazón de la comida se despedía de las casas, invitándonos a degustar, pero no podíamos distraernos teníamos un compromiso ahí. Mientras nuestros pies ya cansados organizaban nuestra plática empezó a divagar, hablamos de lo mundano, hablamos de todo y nada.
Una casita se asomaba al derecho de vía, captó nuestra atención inmediatamente, no por otra cosa sino por la situación en que se encontraba , si bien era la casa más humilde que había visto en toda mi vida. Nos acercamos boquiabiertas, asombradas como aquella choza lograba mantenerse en pie. Fuera de ella se encontraba una viejecita por sus facciones pude ver que de joven fue una mujer muy hermosa, sus cansadas manos sostenían un bastón. Caminaba entre arbustitos y ramas que constituían su patio, cortaba vegetales que depositaba en una bolsa que llevaba consigo. Las tres a coro dejamos salir un –Buenos días-, la señora respondió –Buenos días-, y dejó la bolsa a un lado de la manera más rápida que pudo se acercó a nuestro encuentro, de nuevo le saludamos, le platicamos que veníamos de lejos predicando la palabra de Dios, que traíamos con nosotras la palabra de Cristo para inyectarla en su corazón porque es la mejor medicina para toda la vida. Todo esto lo decíamos convencidas, sabíamos que para eso estábamos ahí. La señora sentía todo lo que decíamos pero no decía una sola palabra. Después de hacer con ella oración y de reflexionar la palabra de Dios, la señora tomó la palabra y dijo –Yo vi a Jesús-, nosotras un poco despistadas por su intervención, solo pudimos mirarnos entre nosotras, la señora repitió –si yo me encontré a Jesús-, entonces le pregunté -¿Ah si, se encontró a Jesús?, ¿donde?, entonces ella señalando su anafre relato; -estaba yo tratando de prender la lumbre y acomodaba la madera, cuando se me cayo y ahí encontré a Jesús-. Nosotras no entendíamos aun de que nos hablaba estábamos desconcertadas, e incluso llegamos a considerar marcharnos, pero algo nos invitaba a seguir ahí, entonces ella continuo diciendo –sí, cuando estaba colocándola madera, una tabla cayo al suelo, y se partió abriéndose a la mitad y ahí se formo Jesús-, por más increíble que parezca seguíamos sin creer, no podíamos entender sobre que hablaba exactamente, a sí que una de nosotras preguntó de nuevo -¿Se formo Jesús?-, la señora percatándose de nuestra actitud, repuso -es mas se los voy a enseñar-, con su bastón dio tres pasos se metió dentro de su casita y tardo un poco, cuando salió, nosotras estábamos paradas cerca de su puerta esperando con ansias ver el Jesús del que hablaba, cuando salió pareció que nuestro corazón se inflamaba, nos sentíamos impactadas ¡hasta donde había llegado nuestra falta de fe!, el trozo de madera en relieve por las polillas mostraban la figura de un Jesús Crucificado, estábamos consternadas, lo tocamos nos persignamos, salimos de aquella casa dando gloria a Dios, encontramos a Cristo en donde menos esperábamos.

“Gracias Padre porque decidiste revelarte a los sencillos y no a los sabios y poderosos”.